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ensaje Espiritual

Siempre es bueno recibir alimento para el alma cualquiera que sea la religión que profese. No deje de tomar en cuenta este mensaje espiritual.

Por: Pbro. Francisco Xavier Oceguera Ceja

Hermanos:

Muchas veces, ante el mal físico o moral propio o ajeno, nos preguntamos ¿Por qué a mí?, ¿Por qué sucede o pasa esto?, ¿ No podrá Dios evitar todo mal en el mundo?, ¿Es castigo de Dios?.

Cuenta San Juan en su Evangelio (Cap. 9, 1-3) que Jesús se encontró con un ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién tiene la culpa de que esté ciego, él o sus padres? Jesús les respondió: “Esta cosa no es por haber pecado él o sus padres, sino para que Dios obre en él un milagro”.

Debemos, en primer lugar comprender que Dios no quiere la enfermedad, no quiere que el hombre esté enfermo, porque es una imperfección de la naturaleza humana.

El Señor permite la enfermedad y el sufrimiento. Pero no estaba en sus planes creadores, pues Adán y Eva fueron creados libres de toda deficiencia e imperfección. La enfermedad y el sufrimiento son un misterio que sólo tiene explicación a la luz de la Fe cristiana y del misterio de Cristo. No fue Dios quien trajo el dolor al mundo, sino el hombre con el pecado. Todo pecado es un desorden y el desorden trae consigo el mal.

A pesar de esto, el enfermo y los que lo rodean, tienen la obligación de hacer todo lo posible por obtener la curación, por recuperar la salud, por conservar la vida. Dios de los males, saca bienes.

El dolor, la enfermedad y el sufrimiento, provocan el sentido de la solidaridad y fraternidad humana y cristiana hacia los enfermos, como personas e hijos de Dios, en quienes se descubre a Cristo sufriente...; contribuyen también a que se estrechen los lazos de amistad y se unan más en el amor los miembros de la familia que tienen algún enfermo; favorecen la investigación científica, ya que dan lugar a nuevos adelantos y descubrimientos para combatir las diversas enfermedades...; transforman a las personas ya que muchas veces las enfermedades son un medio de redención, de santificación y de acercamiento a Cristo, a quien están íntimamente unidos en sus sufrimientos por la salvación del mundo.

Cristo, que en su vida terrena, pasó haciendo el bien, que curaba a los enfermos, y se compadecía de todos nos sigue diciendo “Vengan a mí todos los que están cansados y fatigados por la carga, que yo los aliviaré; porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Son palabras de aliento que nos ayudan a todos a enfrentar con esperanza y confianza en Dios, cualquier problema que nos aqueje.

Pbro. Francisco X. Oceguera Ceja
Parroquia de San Jerónimo
Decanato del Refugio
Monterrey, NL, México






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